8 Alimentos que curan los órganos a los que se les parecen.

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¿Alguna vez escuchaste hablar de “la teoría de las signaturas” o “teoría del signo”? Esta teoría se basa en un método de observación del mundo de las plantas medicinales según la cual la forma y el aspecto de cada planta tendrían una conexión con sus propiedades terapéuticas.

Esta teoría se extendió en Europa y fue utilizada desde la antigüedad hasta el siglo XVIII. Hoy, pueden considerarse anticuadas y estar en contradicción con la medicina moderna pero no deja de sonar interesante.

La teoría fue tomada en consideración por numerosos médicos, botánicos y alquimistas que se dedicaron a estudiar cada planta y desarrollaron hipótesis sobre que la forma y el aspecto que tenía cada una podían tener propiedades terapéuticas beneficiosas para órganos del cuerpo humano que tuvieran una forma y un aspecto similar. ¿No te parece sorprendente?

Sabemos que las hierbas medicinales pueden obrar milagros pero también es necesario saber administrarlas. En todo caso, con las que vamos a darte a conocer no corremos riesgos porque siguen siendo todas muy saludables.

Vamos a conocer 8 alimentos que forman parte de “la teoría de las signaturas”.


1) La nuez:

 En más de una ocasión hemos visto que se trazan paralelos entre la forma del cerebro y las nueces. En efecto, si le sacamos la cáscara, la nuez se asemeja a los dos hemisferios cerebrales. Un estudio demostró que la nuez mejora nuestras capacidades cognitivas, nuestra memoria y protege las neuronas del estrés oxidativo. Éste fruto seco es rico en compuestos fitoquímicos y en ácido graso poliinsaturado, beneficioso para el buen funcionamiento del cerebro porque ayuda a luchar contra la oxidación de las células y a reducir las inflamaciones.

Otro estudio demostró que los compuestos polifenólicos que contiene mejoran las conexiones entre las neuronas, aumentan la neurogénesis, es decir la creación de nuevas neuronas, y eliminan las proteínas tóxicas.

Las nueces son muy recomendadas para preservar la salud neuronal y luchar contra las enfermedades degenerativas como el mal de Alzheimer.


2) Las zanahorias:

 Si cortamos una zanahoria en rodajas podemos ver cuánto se asemeja la fibra de esta hortaliza al iris del ojo. Las zanahorias son muy ricas en vitaminas y en antioxidantes, especialmente en betacarotenos que es lo que les da su color anaranjado característico.

Los betacarotenos se sintetizan en forma de vitamina A, esencial para el buen funcionamiento de las retinas. Se transforma en un pigmento fotosensible capaz de reaccionar a la luz y permite de la misma manera una buena visión nocturna.

Algunos estudios demostraron que una alimentación rica en vitamina A y en betacarotenos puede disminuir los riesgos de daño macular.


3) La batata dulce o camote: 

Este tubérculo se parece mucho al páncreas y casualmente favorece su buen funcionamiento. La batata dulce o camote regula la tasa de azúcar en la sangre y participa de esta manera en el control del índice glucémico, especialmente en los diabéticos.

Se trata de un vegetal rico en betacarotenos, un potente antioxidante que protege los tejidos del cuerpo y en especial los órganos como el páncreas, además de luchar contra el envejecimiento celular que juega un rol importante en la prevención del cáncer de páncreas.

Otras fuentes de betacaroteno protegen de los radicales libres responsables del envejecimiento celular y ellos son: la sandía, los damascos, el tomate, el pomelo o toronja rosada y la naranja.


4) El tomate:

 Si cortamos un tomate el medio veremos dos cavidades que se asemejan mucho al corazón. Un estudio finlandés señaló los beneficios del tomate para la salud cardiovascular. Este estudio mostraba que los licopenos, un pigmento con virtudes antioxidantes propias del tomate, reducían los riesgos de accidente cerebrovascular o de accidente vascular isquémico. Al revés que las vitaminas frágiles al calor, el poder de absorción de este antioxidante aumenta cuando el tomate se somete a la cocción.

Agrega un poquito de aceite de oliva rico en grasas poliinsaturadas y aumentarás de esta manera su tasa de absorción.


5) El aguacate o palta:


 Durante mucho tiempo hemos dejado de lado el consumo de este vegetal delicioso porque contiene alto aporte calórico, sin embargo; es un fruto muy interesante para preservar la salud en especial para las mujeres embarazadas.

El aguacate se asemeja a una lámpara que recuerda la forma e incluso el tamaño del útero. En efecto, es beneficioso para las futuras mamás porque contiene vitamina B9, es decir ácido fólico, que no es sintetizado por el organismo y que debe ser aportado por medio de los alimentos.

Los folatos son esenciales para prevenir las malformaciones fetales y al mismo tiempo contienen vitamina K que interviene en la coagulación, la mineralización ósea y el desarrollo celular. Gracias a sus propiedades antiinflamatorias, esta vitamina preserva nuestra salud cardiovascular.


6) El apio:


 ¿Los largos tallos del apio no te recuerdan a dos largas piernas? Este vegetal se asemeja mucho a los huesos y tiene numerosos minerales como el silicio, que estimula la producción y la renovación de los tejidos articulares y conjuntivos. El silicio, es un oligoelemento indispensable para nuestros huesos y que está mucho más presente en el apio que otros minerales como el hierro o el zinc.

Participa en la fijación del calcio y del magnesio en el organismo. Por otra parte, si no consumimos suficientes minerales el cuerpo corre el riesgo de hacernos notar esta carencia a través del debilitamiento. También encontramos silicio en otros alimentos como los cereales, las leguminosas y las frutas con pectina.


7) Naranja y toronja: 

Tanto la naranja como la toronja o pomelo rosado cortados al medio se asemejan a glándulas mamarias. Efectivamente, estas frutas son beneficiosas para la salud de los senos y el movimiento de la linfa dentro y fuera de las cavidades. La similitud entre los cítricos como la naranja y los senos tal vez sea una coincidencia. La toronja contiene limonoides, unos compuestos fitoquímicos que han demostrado ser efectivos anti cancerígenos in vitro y también en pruebas hechas con animales.

Estos compuestos podrían disminuir la proliferación de células cancerosas. Otros estudios demostraron los efectos benéficos de los flavonoides contenidos dentro de los cítricos en especial en lo que se refiere al cáncer de seno. Inhiben el desarrollo de células malignas en ratas y en células mamarias humanas.

  8) Las uvas:

 Cada lóbulo de nuestros pulmones contiene bronquios constituidos por alveolos unidos entre ellos por los bronquios. Estos alveolos se asemejan a uvas unidas a los racimos y permiten al oxígeno pasar de los pulmones hacia la sangre.

Consumir de manera diaria frutas frescas como las uvas podría reducir el riesgo de cáncer de pulmón y del cáncer en general. Las semillas de uva contienen al mismo tiempo una antioxidante de tipo flavonoide, la proantocianidina, que tiene efectos benéficos para tratar el asma y la bronquitis crónica.


Más semejanzas.


¿Crees que estos son los únicos alimentos que se parecen a nuestros órganos? ¡No vas a poder creer cuantos más podemos contar!

- Las almendras, se parecen a los ojos.

- El jengibre, se parece al estómago.

- Las cebollas, se parecen a las células del cuerpo.

- Las semillas de higo, se parecen al esperma.

- Los porotos/alubias/frijoles, se parecen a los riñones.

- El brócoli, se parece el cerebro.

- Plantas pubescentes (que tienen pelos), se parecen a los cabellos.

- El ginseng, se parece al pene.

- Los champiñones cortados en rodajas, se parecen a las orejas.

- Las aceitunas, se parecen a los ovarios.

- El tallo de la cola de caballo, se parece a la columna vertebral.

- Los granos de café, se parecen a los hemisferios cerebrales.

- Las almejas, se parecen a los testículos.

¿Por qué no pensar que lo que se descubrió hace muchos años hoy puede ser nuevamente descubierto? El hombre pudo hacer uso de la naturaleza para curar sus enfermedades durante siglos también observando a los animales y viendo como ellos utilizaban ciertas plantas.

Por ejemplo, los chimpancés; tienen un instinto incomprensible para nosotros para distinguir que plantas son capaces de curar sus heridas e incluso sus enfermedades. Esta observación que los hombres hicieron de los animales les permitió sobrevivir porque aprendieron de ellos cómo cazar, qué frutos comer y en este caso, con qué plantas curarse.

Muchos estudiosos de la medicina natural creen que la medicina moderna se alejó demasiado de la naturaleza y que tal vez es hora de aprovechar los conocimientos adquiridos hasta el momento pero también mirar un poco hacia atrás para combinar novedades y descubrimientos con experiencia y naturaleza.

Tal vez en definitiva sea cierto que “somos lo que comemos” y que puede que no sea casual que estos alimentos que forman parte de nuestra alimentación habitual se asemejen a nuestros órganos internos.

Fuente:saludable.guru
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